La espuma de los días: el Oso 2.0.

abrazo de oso - dedicado a John y Bob (R.I.P)

El otro día asistí con unos compañeros a una charla para emprendedores: cómo superar la crisis, elevator pitch, outsourcing y demás trucos sacados de la chistera neo-yuppie. Allí uno de los ponentes contó la siguiente entrañable historia (parábola, más bien…), bastante popular en este tipo de charlas:

“Dos amigos John y Bob están acampando en el Parque Natural Yosemite, cuando se les aparece un temible Oso. Cada año los osos grizzly despedazan a algún turista, por lo que John y Bob entraron en pánico inmediatamente. Bob comenzó a ponerse sus zapatillas. John, mirándolo sorprendido le dijo “¿no te das cuenta, Bob, que aunque te pongas las zapatillas, eso no te servirá de nada, ya que el oso correrá mucho más rápido que tú, aunque tengas las zapatillas puestas?”.

Bob terminó de atarse los cordones, miró a su compañero de reojo y le dijo “John, es que yo no necesito correr más rápido que el oso para salvarme…¡basta con que corra más rápido que tú!”

La moraleja (interpretación libre mia), es que en el mundo de los negocios el más rápido sobrevive, mientras que al más lento se lo come el Oso - y sin zapatillas, que, como se conoce, repiten. A mucha gente le hizo gracia y apuntó esta didáctica fábula para poder evangelizarla a su red de contactos 2.0. Pero, ojo, que aquí hay alguna que otra falacia: bien, hay que ser ambicioso, competitivo y emprendedor para llegar al éxito profesional, pero, yo, si fuera John, le daría en la cabeza a Bob con mi raqueta de pádel (los yuppies no vamos a ningún sitio sin nuestros artilugios sagrados) y me alejaría caminando tranquilo y descalzo, sin correr y sin prisas - total, al oso le daría igual; Bob se iría satisfecho sabiendo que su teoría era correcta; y John aprendería la valiosa lección de que por intentar aconsejar a su colega, acabaría en las garras del Oso. Eso sí, sólo le quedaría la duda, de que - igual - entre los dos juntos, se las podrían haber ingeniado para que ellos se comieran el Oso…


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Las espectaculares aventuras de el hombre invisible e hijos (EHIEH) - Capítulo 10

ehieh10


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Snapshots - TAEddy Bear

taeddy bearBarcelona, 27 de mayo 2009 (también conocido en la ciudad como el T-day, por lo del triplete).

Las calles de Barcelona estaban prácticamente vacías. De vez en cuando se oía algún petardo de pre-calentamiento pre-champion’s. En el aire se respiraba lo que ocurriría más tarde la misma noche, algo diferente a ese loop constante de las mismas imágenes y sonidos que forman la bso de nuestra rutina diaria. De ahí que al principio a los transeuntes no les chocaba la imagen de un oso peluche sentado en el peldaño de una sucursal bancaria - estaba tan fuera de contexto que parecía parte integral del paisaje.

A primera vista creía que era parte de alguna acción de marketing modernilla, de las que intentan llegar al bolsillo desde el corazón: “Hola, soy tu Diposín. Estrújame durante un año y tendrás unos sueños de 5% TAE* (*asterisco no incluido en este post - buscadlo en las promociones, si es que conseguís leer esas letras). Sin embargo, al acercarme, me di cuenta de que el peluche no entraba en el cánon publicitario: estaba un poco sucio y tenía una oreja alicaída, un poco triste pero con su dignidad intacta.

El día siguiente el TAEddy no estaba allí, algo de esperar ya que la normalidad había vuelto y en el contexto de la rutina sólo caben momentáneos garabatos de osos indigentes.


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Cindy

cindy
Por favor, que vaya la sociedad protectora de animales a su rescate!

No se vayan todavía, aún hay más. Fotos de Cindy

VIA:http://www.everyoneforever.com


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Snapshots: la naranja que persevera

naranja amarga como la soledad mismaEn mi tierra había antaño un profesor que hablaba de la ausencia a través de la presencia. No pude resistir una sonrisa sarcástica al escuchar la frase: me pareció un adorno verbalísta, típico de los académicos.

Sin embargo, el otro día esta frase emergió de las profundidades de los recuerdos para adquirir esencia: en el patio donde se encuentra nuestro espacio, había una silla vacía “mirando” hacia un naranjo que salía de un tiesto, con un solo fruto. Seguramente hay una explicación razonable de cómo se llegó a producir esta imagen, pero aplicar la razón para explicar los recuerdos es para los psicólogos. A veces basta una imagen para entonar un recuerdo que llevaba años desafinando imperceptiblemente: la naranja estaba allí, la silla también, ambos presentes, pero siendo a la vez monumentos indiscutibles de la ausencia.

El patio lo compartimos con otras empresas. La silla ya no está allí, pero la naranja sigue, sola, perseverante. Nadie en el patio es capaz de recordar cuando tiempo lleva allí. En mi tierra los naranjos no crecen en tiestos y las narajas son jugosas y dulces. Ésta seguro que es amarga, como la soledad misma. Y por eso perseverante, como los recuerdos pendientes de respuestas.


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